BROOKLYN, 8 de marzo — Liderados por el Partido Laboral Progresista (PLP), más de 130 personas se congregaron en un espacio comunitario de Brooklyn para celebrar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, reuniendo a una multitud multirracial y multigeneracional de trabajadoras, estudiantes, familias y compañeras. El lugar estaba lleno de conversaciones, risas, lucha política y la convicción compartida de que esta lucha está cobrando fuerza.
Compartimos comida palestina y dominicana, reflejando el carácter internacional de nuestra clase. Comer juntos, conectar generaciones. No fue solo una celebración, sino un espacio para forjar relaciones y fortalecer la claridad política necesaria para las luchas que se avecinan.
El punto central del evento fue un discurso que fundamentaba la fecha en sus raíces revolucionarias. «Estamos aquí para una celebración comunista del 8 de marzo», dijo la oradora, «donde reconocemos el papel crucial que las mujeres han desempeñado en la lucha contra el capitalismo». El mensaje era claro: no se trata de una festividad simbólica, sino de parte de una larga historia de lucha obrera liderada por mujeres.
El liderazgo de las mujeres es fundamental para la lucha
El discurso destacó cómo las mujeres siempre han estado a la vanguardia del cambio revolucionario, desde las campañas de alfabetización en la Cuba posrevolucionaria hasta las luchas lideradas por mujeres de color dentro del PLP. «Será el liderazgo de las mujeres, específicamente de las mujeres negras y latinas, el que nos liberará de las cadenas del capitalismo», afirmó la oradora, estableciendo una conexión directa entre las luchas del pasado y las que estamos librando hoy.
Esa idea se mantuvo presente durante todo el evento. Una nueva compañera habló sobre los motivos que la llevaron a unirse al Partido, describiendo cómo llegó a considerar el éxito individual bajo el capitalismo como un callejón sin salida, y que solo la lucha colectiva ofrece un futuro real. Instó a los demás presentes a dar ese mismo paso: no solo a estar de acuerdo, sino a organizarse.
Dos compañeros, recién llegados de su participación en la huelga general de Minnesota, donde los trabajadores tomaron medidas contra el creciente terror del ICE, conectaron lo local con lo nacional, demostrando que la clase trabajadora está dispuesta a defender a sus hermanos y hermanas de clase.
Luchar contra el sexismo significa luchar contra el capitalismo
A lo largo del evento, quedó patente la profunda comprensión de las raíces de la opresión femenina. Como se expuso en el discurso principal, el sexismo no es accidental, sino que está intrínsecamente ligado al capitalismo. El trabajo doméstico no remunerado de las mujeres, la brecha salarial y su vulnerabilidad a la violencia contribuyen a un sistema que se basa en la explotación y la división.
La postura política del PLP fue fundamental: que la lucha contra el sexismo no puede separarse de la lucha contra el capitalismo. Una sociedad comunista, tal como se describió en el discurso, eliminaría el afán de lucro que impulsa la desigualdad y crearía las condiciones para afrontar y erradicar colectivamente la opresión de género.
Esa comprensión marcó el tono del día. No se trataba de representación ni de reforma, sino de revolución. Se trataba de construir un movimiento donde las mujeres no solo estuvieran incluidas, sino que lideraran.
Una lucha internacional con raíces profundas
El evento también hizo hincapié en que esta lucha es global. Desde la organización contra las redadas del ICE en Brooklyn hasta la formación de comités de mujeres contra la violencia sexual en Sudán, desde el Tapón del Darién hasta Cisjordania, la lucha contra el sexismo y el capitalismo trasciende todas las fronteras.
“Nuestra lucha revolucionaria debe ignorar las fronteras tanto como el sexismo y el racismo”, dijo el orador.
Ese internacionalismo se reflejó no solo en las palabras, sino también en el ambiente mismo: en la mezcla de culturas, idiomas y experiencias reunidas en un mismo lugar. Es un recordatorio de que la clase trabajadora es una sola, incluso cuando el sistema intenta dividirnos.
Cultivar algo más fuerte
Al finalizar el evento, quedó claro que no se trataba solo de una celebración, sino de algo que se estaba gestando. La gente se quedó después, intercambiando números de teléfono, hablando de política y haciendo planes. Las conexiones se sentían auténticas.
Una idea del discurso caló hondo en muchos: que si bien el capitalismo puede intentar sofocar los movimientos sociales, «nuestras raíces están vivas y fuertes, y se afianzan con cada acción». Cada manifestación, cada conversación, cada nueva persona que da un paso al frente fortalece esas raíces.
Este evento fue uno de esos momentos.
De cara al Primero de Mayo y más allá, la tarea es clara: seguir organizándonos, seguir construyendo y seguir desarrollando el liderazgo de las mujeres de nuestra clase.
Las raíces están ahí. Y están creciendo.
